Al mal tiempo buena cara

Si, aquí también ha llegado el mal tiempo. Con frío, viento y lluvia, pero saliendo en noviembre tampoco esperaba otra cosa y no lo llevo mal.

He tenido días malos, aunque lo he pasado peor por las noches. Tuve unos días en los que no tenía mucha suerte buscando anfitriones (muchos aquí en Francia piden que les avises con una semana de antelación, pero no he dejado una vida acomodada para programar tanto ni para meterme presión para llegar a un sitio) así que he acampado bastante estas semanas. A veces disfrutando mucho del lugar encontrado y otras en algún refugio donde cuenta más la protección que las vistas. Un par de noches me ha pillado tormentón y, entre la mucha agua caída y mi poca experiencia en estas circunstancias, pasé unos ratos de lo más entretenidos usando unos calcetines como mocho para ir sacando el agua mientras contaba los segundos entre los rayos y los truenos para ver si se alejaba la tormenta. Cuando ya pasó el agua se me pinchó la esterilla y me pasé una noche despertándome notando el suelo e hinchándola para volver a dormir un rato más.

Y después de dormir mal, y pedaleando con frío y viento, me he sorprendido muchas veces sonriendo los días siguientes. Y es que Vita no solo saca sonrisas a los demás sino que, además las consigue para mí que a veces voy despistado, veo a alguien mirándome con cara de ilusión y me contagia su sonrisa.

En lo negativo se ha cumplido una de la predicciones que me habíais hecho algunos, y es que Vita, además de sonrisas, también puede provocar accidentes. No fue nada grave esta vez: una pareja de jubilados que venían por el carril contrario se me quedaron mirando. Pasé de largo y escuché un fuerte ruido, el coche se había saltado una pequeña mediana que separaba mi carril del suyo y se había quedado estancado en ella. Afortunadamente pudieron salir de ahí sin problemas.

También he tenido encuentros que me han llenado. Como el de una niña a la que su padre le estaba haciendo una foto delante de Vita. Yo estaba enfrente, dentro de una cafetería justo delante de la ventana. La niña me mira sonriendo y le hago gestos con la mano para que suba a la bici. Se lo dice a su padre pero este parece no creerle. Le cambia un poco la cara, me vuelve a mirar y vuelvo a repetir el gesto. Se lo vuelve a decir a su padre que no se fía y se asoma para pedirme confirmación. Le hizo la foto y, al bajar de la bici, la niña, con una sonrisa enorme, se puso a dar saltos de alegría mientras aplaudía….y a mí se me caía la baba 🙂

Como ya comenté todos los días me paran varias veces. Los tengo clasificados en dos tipos, los que me preguntan por Vita y su funcionamiento y los que me cuentan su vida. Yo prefiero a los que me cuentan su vida. Dos ejemplos de estos días han sido una mujer que me contó historias de cuando de joven viajó hasta India con unos que se dedicaban a llevar autobuses para venderlos allí y un hombre que me contó que era profesor de soldadura y no paraba de mirar a Vita repitiendo “c’est magnifique”. Luego me contó que estaba recibiendo quimio por un cáncer de próstata y que había perdido 15kg en poco más de un mes. Lo curioso es que nos entendimos, a pesar de que él solo hablaba francés (y el mío es menos que básico) y que me lo contó mirando casi todo el tiempo a Vita sin dejar de sonreír, como si me estuviera contando que sus acciones habían subido.

Lo bueno de Francia es que hay muchísimas “piste cyclable” y, cuando encuentras una, es un placer ir durante km por caminos donde solo te cruzas con otras bicis o con caminantes. Lo malo es q, cuando toca ir por carretera, suelen ser estrechas y sin arcén y los franceses no suelen dejar mucho espacio a las bicis. Eso sí, son muy saludadores (sobre todo en el sur) y me animan mucho con sus “bon courage!”, “Bgravo!” y “superg!” que escucho a diario.

En el apartado de anfitriones, q también he tenido, pasé una velada muy buena con Marie, Jo y sus hijos en su casa a pocos km de la frontera. Ellos viajaron hasta Kirguistán en caravana, por Sudamérica en bici y ahora están esperando a que sus hijos crezcan un poco para volver a viajar. En Marsella me quedé con Sylvie y Alexis, unos amigos de mi prima que me dieron una habitación digna de un gran hotel y una deliciosa cena con charla que se extendió hasta que nos acabamos la botella de vino. Dos días después, tras una noche acampando en un parque natural a pocos metros de unos toros que no paraban de mugir, me acogieron Philipe y Danielle en Toulón. Un caso extraño entre los anfitriones que, normalmente, son gente que ha viajado y quiere devolver parte de la hospitalidad recibida. Ellos no han viajado y simplemente les encanta recibir gente. Para ello tienen una casita aparte en el jardín con cuarto de baño propio. Todo un lujo para un viaje como el mío que aproveché quedándome dos noches allí.

Y, aunque no se le puede llamar anfitrión, he dejado para el final lo mejor. No puedo presumir de valiente (me acojona cualquier atracción de feria que se mueva o gire un poco rápido), ni de aventurero (hoy en día, con tarjeta de crédito en el bolsillo y un móvil que hasta te puede decir donde hay pizza si te apetece una, creo que el concepto de aventura se queda grande), pero sí puedo presumir de contar con grandes amigos repartidos por el mundo. Entre ellos un pequeño grupo que tiene la buena costumbre de “interceptarme” unos días en mis viajes. Jordi forma parte de ese grupo y es el tercer continente en el que lo hace. Esta vez le pillaba “cerca”, pero aun así se metió 8 horas de tren para venir a regalarme un finde con gastos pagados en Arlés, muchas horas de charla y muchas risas q me vinieron genial. Gracias de nuevo Jordi!!!.

Y en el apartado de “medios de comunicación”…pues ya sabéis que hice mi debut. Lo curioso es cómo me enteré: Paró un periodista a hablar conmigo en un pueblecito donde había parado a buscar alojamiento (esa historia la dejo para cuando hable de lo que suma, o más bien resta, ponerle a Vita un cartel), me hizo unas pocas preguntas, una foto, y me dijo que iba a salir en el periódico. No hice mucho caso a esto último porque creía que no lo vería y, además, me parecía que había preguntado poco para escribir un artículo. Al día siguiente, paro en una cafetería a tomarme un café y noto que la gente me mira….tengo que aclarar q estoy más que acostumbrado a que la gente me mire, pero cuando estoy con Vita. En casos como este que la dejo fuera, la gente a mí apenas me echa una mirada rápida para volver a centrarse en ella. Pero en este caso había varias mesas mirándome descaradamente y comentando algo. Finalmente se acercó una mujer con el periódico y me enseñó la noticia preguntándome si yo era ese. Ya comenté que no ando muy sobrado de ropa y ese día, al igual que el anterior, iba tapado, así que lo que se veía de mi era la misma chaqueta y los mismos pantalones con los que salía en la foto. Entre eso y que llevaba el sombrero en la mano me entraron ganas de decirle “anda! Como he has reconocido?”, pero con mi nivel de francés sólo pude confirmarle que sí era yo. Me invitó a sentarme en su mesa con una pareja mayor y, cuando me di cuenta, me habían pagado el café. Seguí mi camino y a los 10 minutos me cruzo con un ciclista que venía en sentido contrario y me saluda con un “Hola Quico!” que me hizo mucha gracia. Y hasta ahí duró mi momento de fama.

Y a la próxima más que ya me he enrollado bastante. Que conste que intento resumir, pero parece q no se me da muy bien 🙂

DSC_0413.JPGPiste cyclable

DSC_0512.JPGotra…

dsc_0507Refugio sin vistas.

DSC_0482.JPGMarie ,  Jo y los niños.

dsc_0479Habitación – cueva con mucho encanto en casa de Marie y Jo.

dsc_0484El viento tampoco sopla siempre a gusto de todos, y ese día yo no lo estaba disfrutando demasiado que se diga.

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dsc_0497En acción!

dsc_0492No tengo una ruta demasiado definida (o más bien nada) ni demasiada prisa así que, aunque sea para dar una vuelta, intento entrar en los pueblos y ciudades que me pillan cerca.

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dsc_0391Encuentros en el camino.

dsc_0393Urbanización vacacional en horas bajas.

dsc_0418Descubrir que un pueblo que se llama “aguas muertas” es en realidad precioso y pasarte casi una hora tomando café en su plaza principal.

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dsc_0428Y esta es la cara  que se te queda cuando llegas al hotel en el que vas a pasar el finde después de 5 noches acampando.

img-20161126-wa0004Con Jordi en Arlés.

dsc_0433Toulón.

dsc_0435Toulón.

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Primeras vivencias

Parece mentira pero ya han pasado casi dos semanas de viaje y creo que ya toca dar señales de vida. No sé a vosotros pero a mi se me ha pasado volando y, de momento, estoy disfrutándolo muchísimo. Voy generando sonrisas y caras de asombro por donde paso. Ni siquiera puedo decir que viaje solo, si tengo ganas de hablar sólo tengo que bajar de la bici y alguien viene a preguntar. Puede que dentro de unos meses me canse de estas conversaciones, pero de momento me encanta ver la cara con la que miran a Vita y la que ponen cuando les digo donde vamos.

Cuando aún no llevaba alforjas, la gente solía preguntar como subía o bajaba de esa bici (cuando estás arriba todo el mundo te pregunta cómo bajas y, cuando estás abajo, cómo subes), pero ahora se ve que parezco mucho más raro y lo que me suelen preguntar es por qué voy con esa bici tan alta. A veces lo explico un poco y otras lo resumo con un “porque si fuera con una bici normal no habrías venido a hablar conmigo”…. y casi todos me dan la razón.

Vita es toda una relaciones públicas y estoy encantado de los encuentros q me proporciona. Un día paré en una playa a comprar pan y se acercó una pareja, Jordi y Marga, después de las preguntas de rigor me dijeron que habían estado 3 años viajando en barco por el mundo y me invitaron a comer. Lo mejor no fue la comida (que también) sino la motivadora tertulia y el buen rato que pasamos en el salón de su casa. Otro caso que me hizo mucha ilusión es un hombre (lo siento, no soy bueno para los nombres y no apunté el tuyo) que se acercó otro día mientras estaba comiendo algo en un bar. Me invitó a su casa a dormir pero justo ese día iba a reencontrarme con unos viejos amigos y le tuve que decir que no. Nos despedimos y, unos 3 pueblos más adelante, veo una moto de cara que se cambia de carril y para en el arcén de mi lado. Pensé que era alguien que quería hacerme una foto o preguntar como bajaba de ahí (no esa la primera vez que me pasa) pero, cuando estuve a su altura y se quitó el casco, vi que era el mismo que me había invitado a su casa. Me contó que llegó a casa, se puso a leer mi blog y le gustó tanto que le dijo a su hija que se subiera en la moto para ir a buscarme y que viera lo que estaba haciendo. Me regaló un par de pulpos y unas bridas y, supongo que sin saberlo, un bonito recuerdo para que no se me olvide por qué decidí hacer este viaje así.

Tengo otros encuentros mucho más esporádicos. Hay gente que me sonríe directamente, otros que me miran con cara extraña y otros, directamente, como si estuviera loco (q no digo yo que no, pero no vamos a discutirlo ahora 😉 yo tengo ratos que dejo que me miren sin interactuar demasiado (normalmente a primera hora del día cuando ando aún medio dormido)y otros que voy en modo “roba sonrisas” y voy saludando y sonriendo a la gente y, como por arte de magia, las caras suelen cambiar para devolverme el saludo o la sonrisa. Por supuesto también están los que se manifiestan totalmente en contra de lo que hago, en concreto un viejecito que me crucé en un puente al salir de Barcelona y que soltó, como si yo no le escuchara, un “menudo batacazo se va a meter el idiota este”…en este caso, no sé muy bien por qué, el que se puso a reír fui yo y pensé que igual tengo que cambiar el nombre del blog para llamarle “a 100 sonrisas por hora y un insulto por semana”.

Muchas veces acampo y otras me quedo en casa de gente. De momento he tenido muchísima suerte con mis anfitriones. La primera parada fue en casa de Juan y su familia. A Juan lo conozco desde hace más de 15 años, y creo que lo digo todo si cuento que empezó siendo mi subordinado en una empresa, acabó siendo mi jefe en otra y en ningún momento hemos perdido la amistad. Pasé con ellos una noche muy familiar y, al día siguiente, su hijo Lucas se quería venir conmigo en bici hasta China. Los siguientes fueron Aleu y Taka, una pareja que vinieron desde Thailandia a España en bici y con los que contacté a través de “warmshowers”, una conocida página para cicloturistas. La madre de Aleu cocinó una lubina al horno y un pulpo con los que me puse las botas y luego nos quedamos Aleu, Taka y yo, en una animada charla en la que, además de muchas risas, me llevé unos cuantos consejos para mi viaje. De momento gracias a esos consejos, conseguí desprenderme de más de 4 kilos de equipaje en Barcelona (ya sabéis a quien echarle la culpa cuando salga con la misma ropa en todas las fotos 😉 En Barcelona me quedé en casa de mi amigo Quino quien me cuidó, me cocinó, me acompañó en todas las cosas que tenía que hacer por allí y me hizo sentir como en casa. Luego pasé por Vallgorguina, a ver a Pepe y Eva, dos soles que me llenaron de amor y energía a pesar de que fue allí donde me lesioné . Me costará quitarme la imagen de Pepe que, tras entrar en casa y verme tumbado en el sofá jodido de dolor, me dijo con una gran sonrisa “bueno, has tenido suerte, te ha pasado en el mejor sitio, estás en tu casa!”…y sí, tengo que admitir que fue una suerte lesionarme allí. Finalmente, y con esto paro ya de enrollarme, os escribo desde casa Xavier en Salt, un pueblecito al lado de Girona. Ex-alcalde (ahora jubilado), activista de la bicicleta desde hace muchos años, gran cocinero y con un viaje desde aquí a Japón en sus piernas….seguimos aprendiendo!!!

Besos y abrazos ya a la sombra de los pirineos 🙂

P.D: Os dejo unas fotillos para que no me riña mi editor que me dijo que lo que quiere la gente en internet es poco texto y mucha foto y, claramente, no le he hecho mucho caso 😉

dsc_0437Vita codeándose con los grandes.

img-20161114-wa0008Con Pepe y Eva (y Pastor, que se nos unió un par de días) en pleno proceso de rehabilitación.

dsc_0414Juan, Vanesa, Lucas y Daniela, mis primeros anfitriones.

dsc_0427Vita después de superar su primer test de terreno irregular y con pendientes.

dsc_0435Cada vez que me levanto en un sitio así agradezco al departamento de contabilidad que restringiera mi gasto en alojamiento 🙂

dsc_0434Con Aleu y Taka.

20161105_153559Hacía un día estupendo, pero me hubiera gustado tener unas palabras con el que puso el cartel indicando que esa era una ruta para bicis…

dsc_0431Vita ligando.

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Xavier haciéndome de guia por Girona.

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Vamos que nos vamos!!!

Parecía que no llegaba nunca el día. Tras una mudanza que no acababa nunca, unas piezas que tardaron casi dos meses en llegar, una muela del juicio a la que le dio por salir cuando quizás menos me interesa tenerlo y unos “ultimos ajustes” que no acababan nunca, por fin llega el momento de empezar a vivir mi sueño 🙂

Muchas gracias a todos los que lo han hecho posible. A esos que no puedo nombrar pero que me ayudaron con el diseño y montaje de la bici (y de la otra). A los que se pasaban por casa a ver que tal iba sabiendo que les podía enmarronar con cualquier tarea. A los que venían directamente a enmarronarse. A los que han aguantado mis histórias con los problemas de montaje durante todo el verano. A mi corrector de textos particular. A mis amigos de Comet por ser los primeros en aportar al proyecto  y, sobretodo, a mi amiga Mariblue pq sin ella este blog no existiría.

No sé  cada cuento escribiré ni si seré capaz de plasmar en unas cuantas letras e imágenes las vivencias del camino, pero intentaré compartirlo por aquí con todo el que se anime a entrar de vez en cuando a ver qué cuento.

Un abrazo y nos vemos por el camino!!

Quico drilo.

 

 

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