Pq en una tall-bike?

No parecía tan loca la idea, de hecho era todo lo contrario, la loca idea de no hacer algo así era perturbadora” (extracto del cuento “Pobre Ricardo” de mi amiga Rebeca Pla).

Al principio sí, parecía una idea loca, casi estúpida. El hecho de dejar un trabajo, romper con tu vida y salir a recorrer el mundo sin una fecha de vuelta definida, ya era un salto  muy grande como para complicarlo con una bici que no es especialmente cómoda, que pesa mucho más de lo normal y con la que cuesta muchísimo más subir cualquier repecho que surja en el camino.

Pero una tall-bike es un circo ambulante. Sales con ella y la gente, por unos segundos, sale de su mundo para preguntarse dónde va ese loco, como bajará de ahí y, sobretodo,  sonreír y poner cara de sorpresa. Escuchar a un niño gritarle a su madre “mamá! ¡mira que bici!” (o a la madre, si es ella la que te ve primero), que la gente se acerque a preguntarte al verte o que pare el coche después de adelantarte para hacerte una foto, provoca sensaciones que enganchan. Eso, y todas las sonrisas que voy generando solo por pasearme con ella, empezaron a pesar mucho más en la decisión que los puertos de más de 4000m que encontraré en mi camino  (y que, sinceramente, aún no sé como conseguiré subir…). Así que un día, casi sin darme cuenta, la pregunta pasó a ser “¿como no voy a ir en tall-bike??”