Pamir 2. Tayikistán – Kirguistán

El universo me escuchó, dormí 11 horas seguidas del tirón y, aunque no estaba en mi mejor momento, había recuperado fuerzas para seguir adelante.

Esos días tenía viento a favor y, aunque por las tardes me volvía a encontrar mal, en pocos días se me pasaron las molestias y pude seguir avanzando.

Tuve otro encuentro de esos que te cargan las pilas un día a la entrada de una pequeña aldea:

Se me pone un 4×4 al lado, el conductor baja la ventanilla y me pregunta:

– “¿Cuantas sonrisas llevas hoy? “

Me quedo flipando y bajo de la bici para hablar con ellos. Son Mr and Ms Smith, una pareja de alemanes. Me cuentan que leyeron algo de mi proyecto en Internet antes de salir, que sabían que quería hacer la Pamir y que habían pensado que igual me encontraban por allí. Estuvimos un rato hablando y luego nos despedimos pero, antes de acabar el día, los vi acampados al lado de un río, me paré a pasar la noche con ellos y me invitaron a una cerveza que me supo a gloria.

El día siguiente fue corto, poco después de comer apareció este paisaje y no dudé ni un momento en dar por finalizada la jornada y pasarme la tarde disfrutando de las vistas.

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Los días siguientes fueron de los más duros del viaje. La carretera (por llamarla del alguna forma) estaba fatal, y las cuestas tenían mucha pendiente. El problema de Vita es que, si te quedas parado encima, te caes. Por aquel entonces Vita pesaba más de 70kg. Evidentemente subíamos muy lento y, si en algún momento pillaba una piedra gorda o resbalaba la rueda, nos íbamos al suelo….en una de estas caídas me hice bastante daño y, a partir de ahí, si veía una pendiente demasiado inclinada y con la carretera en mal estado, me bajaba y la empujaba. Empujar a Vita, con el manillar tan alto, cuesta mucho más que ir subido en ella y me cansaba bastante más, pero por lo menos me evitaba las caídas, que no era buen sitio para romperse nada.

Os dejo un par de vídeos donde se ve que el camino no fue precisamente de rosas.

Pero no quiero desanimar a nadie. Si algun@ de los que leéis esto os habéis planteado hacer la Pamir alguna vez, espero que esto no os eche para atrás!

No lo voy a negar, fue muy duro, pero, como dice una canción de La Pegatina: “tampoco será pa tanto si yo lo aguanto!”….solo hay que ser cabezota y tener ganas! Si esto no os anima, os diré que los paisajes compensaban de sobra todas las dificultades, caídas y esfuerzo. Como ejemplo, os puedo contar qué el día más duro que recuerdo, uno en el que apenas me quedaban fuerzas para montar la tienda, cuando salió la luna y me vi rodeado de esas impresionantes montañas, me puse a bailar de alegría…y yo soy de los que normalmente no bailan hasta el tercer o cuarto cubata☺️

Y como una imagen vale más que mil palabras, os dejo unas fotos de esos días que seguro que os animan mucho más de lo que yo pueda decir:

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Pregunto por el pueblo, pero es difícil hacerse entender. Al final, en una guesthouse, encuentro a una polaca que habla ruso y que se ofrece a acompañarme y a hacerme de traductora.

Por lo visto, sí ha pasado una pareja por el pueblo, pero se han ido. Hay un lago cerca del pueblo que es donde pensábamos acampar, así que supongo que estarán allí. Ya es de noche y es todo el camino de subida, así que me quedo en una guesthouse y aprovecho para darme una ducha caliente en una especie de sauna que tiene el local (una gran caldera calentada con leña que me sienta como el mejor de los spa).

A la mañana siguiente hago los 7km hasta el lago y los encuentro allí acampados.
Como siempre, la intercepción me llenó de energía, pero esta vez, además, de forma literal, porque mi hermano es un cocinillas y se había traído quínoa, mijo y algunas especias que enriquecieron mi rutina de pasta o arroz.

Pasamos el día en el lago (más que nada para que yo descansará que a ellos se les notaban las ganas de empezar) y, al día siguiente, continuamos la ruta.

Durante todos los días que apreté el ritmo hasta encontrarlos, me consolaba pensando que, cuando estuviera con ellos, llegarían mis vacaciones. Yo no sólo estaba ya más que habituado a la altura, además llevaba 8 meses de viaje (con lo que estaba muy en forma) y me imaginaba esperándoles la mayor parte del tiempo…..pero me equivoqué de largo! Llegaron muy entrenados y, lo que es más importante aún, con mucha capacidad de sufrimiento: les tocaron los puertos más altos y la parte de la ruta donde prácticamente todos los días tienes el viento en contra y, aun así, no recuerdo casi quejas y avanzábamos a buen ritmo (a veces hasta demasiado para mí y eran ellos los que me tenían que esperar)……así que mis vacaciones no fueron tales, pero en buena compañía y con los maravillosos paisajes por los que pasábamos, tampoco las eché de menos.

Y antes de dejaros con las fotos, os tengo que confesar que también hubo algo malo en la visita: Mi hermano es una auténtica gramola y tooodas las mañanas se levantaba cantando. Su repertorio es muy amplio y podía pasar de una canción de Barón Rojo a una de Barrio Sésamo en pocos minutos. Seguramente os estaréis preguntando por qué le doy tanta importancia a que alguien cante y, de hecho, en realidad, no se la doy. Normalmente la gente canta cuando está contenta y a mí me gustaba ver a mi hermano así…. la parte mala es que a mí se me pegan muchísimo las canciones y me pasaba horas cada día tarareando la canción más tonta que hubiera cantado mi hermano esa mañana sin poder quitármela de la cabeza 😅.

Y ahora vuelvo a dejar que sean las fotos las que cuenten esos días y sigo después.

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Finalmente, después de esta dura pero maravillosa experiencia, llegamos a Osh. Mi hermano y Ana tuvieron apenas un día para empaquetar las bicis y volar de vuelta. Yo me quedé remoloneando unos cuantos días más, pero para mí también se había acabado el viaje…. al menos la primera parte.

El fundador de mi empresa me había llamado varias veces para pedirme que volviera. Mi último proyecto había sido en México y había pactado dejar la empresa cuando este se acabara. Pero el proyecto se paró por motivos políticos y no tenía ningún sentido estar allí sin nada que hacer, así que dejé de trabajar y empecé el viaje.

El proyecto se reanudó y, como ya he comentado, el fundador empezó a llamarme para que volviera. Al principio dije que no, me había costado mucho empezar, estaba viviendo mi sueño y ya tenían un sustituto. Pero mi sustituto renunció (con lo que se les complicaba mucho la cosa) y mis planes de viaje tampoco eran los más esperanzadores: no había conseguido el visado de China, el de Pakistán (país que tenía muchas ganas de visitar) sólo podía conseguirlo si volvía a España y, la única alternativa que me quedaba, era cruzar a Mongolia e intentar conseguir allí el visado para China, renunciando a pasar por Pakistán. Pero venía el invierno y en invierno en Mongolia las temperaturas llegan a -40 grados.

En México había dejado una vida muy feliz y muchos amigos así que, aunque me costaba mucho imaginarme volviendo a trabajar y siendo esclavo de la alarma cada mañana, hacía unas semanas que había decidido hacer un parón en el viaje. No fue una decisión fácil, pero la fui asimilando con los días y, cuando acabé la Pamir, tenía la certeza de que me iba a sentar bien el parón, muchísimas ganas de ver a amigos y familia en España (mis sobrin@s!!!!), estar con ellos un tiempo y retomar después mi vida en México. Así que, una semana después de que se fueran mi hermano y Ana, dejé a Vita a buen recaudo y regresé a casa.

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2 respuestas a Pamir 2. Tayikistán – Kirguistán

  1. ethel dijo:

    🙂

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  2. Héctor Calderón dijo:

    Te admiro Quico!! Eres un crack!! Aunque te escribo poco por aquí, siempre estas en mi corazón y mis oraciones.
    Hazme saber tan pronto estés en México. Espero verte pronto. Te mando un abrazo!!!

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