Irán 4. Police! y otras historias más agradables

Regresé a Teherán en tren y pasé allí un par de días (otra vez en casa de Alireza). Aproveché para quedar por última vez con Korneel y también con Saleh (que me había dicho que le avisara cuando volviera y se tomó un tren desde Isfahan para venir a despedirse).

Había retomado las ganas de Vita y salí un día a las 4 de la tarde, disfrutando de nuevo de las caras de sorpresa, saludos sonrisas y fotos de la gente…..me había sentado bien tomarme un tiempo 🙂

Uno de los días que estuve fuera de la ciudad, hubo dos atentados terroristas que mataron a 12 personas. No sé si tengo cara de sospechoso pero, ese día, mientras subía castigado por el calor,  paré en una de las pocas sombras que vi en muchos km. Tuve la mala suerte de que el camino donde me paré llevaba a un cuartel. Enseguida se acercaron dos militares que me querían llevar dentro para pasar a un ordenador la tarjeta de la cámara que llevo en el manillar y ver lo que había grabado. Me pasé un buen rato intentando convencerlos, a los dos del principio y a dos que vinieron después, de que llevaba la cámara apagada y que no había grabado nada, lo cual no fue fácil pues su nivel de inglés estaba a la misma poca altura que el mío de farsi (el idioma local).

Cuando ya los había convencido, uno de ellos, que me había pedido que le regalara varias collares y pulseras que llevo en la bici (y hasta las chanclas que llevaba puestas), se me acercó “sigilosamente” (o al menos parecía que lo estaba intentando, aunque los otros estaban a menos de un metro) y me dijo “marihuana, marihuana”….no entendí muy bien si me estaba ofreciendo o era otra de sus peticiones, pero no me pareció ni momento ni lugar para este tipo de transacciones, así que le dije una vez más que no y prometí fijarme más en donde paraba en adelante.

Se me hizo de noche y no encontraba sitio para acampar.  Salí por un camino y paré a las afueras de un pueblecito. Pasaron dos jóvenes y me preguntaron qué hacía allí. Les expliqué que buscando un sitio donde poner mi tienda, me dijeron que esperara y volvieron a los 10 minutos con las llaves de un huerto vallado que había al lado.  Me dijeron que podía dormir allí y llevarme toda la fruta que quisiera al día siguiente. Se fueron dejándome allí pero, en menos de media hora, volvieron con unos pasteles de arroz envueltos en vegetales para que cenara.

Cuando me vieron cansado, se fueron y me acosté pero, a las 2 de la mañana tuve una visita de la policía (aún no sé cómo se enteraron que estaba allí) y sufrí mi segundo interrogatorio del día.

A la mañana siguiente, mientras recogía mis cosas, vi a dos personas mirando por encima del muro que protegía el huerto.  Me dijeron que eran policías y que les abriera. Por tercera vez me tocó enseñar bici, mapa  e intentar explicar con gestos que solo era un viajero. Llamaron a alguien que hablaba mejor inglés que ellos y, tras un pequeño y fácil interrogatorio, me soltó la pregunta definitiva:

– “¿ha hecho usted algo malo en su viaje?”

…y mi “yo? noooo!” debió sonar convincente, porque ya no hubo más preguntas y me dejaron tranquilo.

Pedaleé un  par de días más hasta llegar al mar. Mi ruta pasaba cerca de casa de Neda (la guía turística que conocí en Teherán) y acampé a 20km de su casa la noche antes de mi cumple.

Sin pensarlo mucho, se vino con un su hermana y una amiga, se trajeron el kit de picnic (que todo iraní que se precie lleva en el maletero del coche, ya que es una actividad que les encanta) y  cenamos allí mismo. También se habían traído un pastel y ganas de cantarme el “cumpleaños feliz”, pero abortaron el plan cuando se enteraron de que en España eran 3 horas menos y me dejaron allí durmiendo.

Al día siguiente, tras darme un baño en el mar, me fui a su casa. No la encontraba y un chico se acercó y me ofreció su ayuda. Yo tenía el número de la casa, él llamó para explicarles donde estábamos y el padre de Neda vino a por mí.

Y hago un pequeño receso para que entendáis un poco mejor el concepto de hospitalidad iraní: a partir de ese momento yo era “su invitado”. Le dijo a su hija que, hasta que saliera del país, sentía que tenía una responsabilidad conmigo y, de vez en cuando, le decía que me escribiera para ver dónde y cómo estaba. Por otra parte, el chico que me ayudó con el teléfono, se acercó a la casa mientras yo me duchaba para pedir permiso para llevarme con sus amigos y enseñarme los alrededores….a lo que el padre se negó, alegando que no podía dejar que su invitado se fuera con un desconocido.

Por la tarde, Neda, su hermana y la amiga me llevaron a un parque nacional. Estábamos en Ramadán y era un día de luto. El parque estaba cerrado pero la amiga, que era abogada, bajó a hablar con el guarda y le convenció de que nos dejara pasar contándole que yo era un viajero que venía de España y me llevaban allí para celebrar mi cumple. Así que pasamos la tarde con el parque para nosotros solos y acabamos, esta vez sí, con el pastel de cumpleaños y hasta me regalaron una preciosa pulsera que desde ese día llevo  siempre conmigo… aún tuve otra sorpresa, esa noche me tomé mi primera cerveza en Irán….. y me acosté más que agradecido por el buen trato que me habían dado sin apenas conocerme.

Continué mi ruta al día siguiente. La familia de Neda tenía un enorme jardín y se me ocurrió pedirles permiso para coger algo de fruta. Salí con una bolsa con unas pocas ciruelas, melocotones y albaricoques que se multiplicaron cuando el padre de Neda me la quitó de las manos diciendo que cómo me iba a llevar solo eso. Además,  su madre añadió varios tuppers de comida y, aunque me negué unas 10 veces, metieron varios billetes en el bote de donativos que lleva Vita….esa misma tarde, cuando ya estaba buscando un lugar para acampar,  se me rompió el enganche de la alforja donde llevo la comida por el sobrepeso!

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Rumbo al norte.

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Celebrando mi cumple con Neda, su hermana Nasim y su amiga Fathemeh.

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Despidiéndome de Neda y su familia.

Seguía acaparando muchísima atención por parte de la gente y todos los días eran muchísimas veces las que alguien intentaba que me parara para hacerse una foto conmigo. Para no saturarme,  decidí parar solo si había niños. En Irán prácticamente todos los jóvenes tienen Instagram y me cansé de parar con gente que solo quería subir una foto conmigo a su cuenta pero, si había un niño, daba igual que sus padres sí que se hicieran fotos (o que otra gente aprovechara para parar y ponerse en cola, literalmente, para hacerse la foto), sus ojos como platos y su sonrisa lo compensaban todo. La generosidad de la gente también seguía y todos los días me regalaban mucha fruta.

Por las noches, necesitaba estar conmigo mismo para cargar las pilas y rechazaba prácticamente a diario las invitaciones que me hacía la gente para que me quedara en su casa, así que acampé mucho esos días.

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Rumbo al este.

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Últimos días junto al mar.

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Últimos días junto al mar.

Me dirigía hacia el este del país sin saber si me habían dado el visado de Turkmenistán. Uno de los más complicados de este tramo del viaje.  Conseguirlo es una lotería y no parece haber ninguna lógica de por qué a unos se le dan y a otros no (de 8 viajeros que había conocido, solo se lo habían dado a dos).

Si no me lo daban, tendría que deshacer el camino y volver hacia atrás hasta la frontera de Azerbaiyán para tomar un ferry, cruzar a Kazajistán y entrar en Uzbekistán antes de que me caducara el visado de ese país….por si  eso fuera poco tenía que volver a Teherán a recibir una ilustre visita y tenía fecha fija para llegar a Tayikistán porque llegaba otra visita allí.

Eran demasiadas dificultades por un papel, así que llamaba a la embajada prácticamente a diario para quitarme la incertidumbre de encima. Normalmente no contestaban y, cuando lo hacían, solo conseguía un: “aún no hay respuesta para su solicitud, llame en unos días”. Finalmente, un día escuché el tan ansiado “su visado le está esperando en Mashad”. Estaba en el parking de un área natural y creo que no hubo un solo iraní de los que estaban allí que no se me quedara mirando mientras levantaba mis manos al cielo y daba las gracias repitiendo “Siiiiiii!!!”

Y me llevé mi alegría a pedalear:

 

 

Finalmente llegué a Mashad, recogí mi visado y pasé un par de días en la ciudad. Me escondía del sol durante el día (hacía muchísimo calor) y, por las noches, me iba al famoso mausoleo del Imán Reza, me sentaba en un rincón en la hora del rezo y me quedaba absorto viendo escenas como esta:

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Mausoleo del Imán Reza.

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Mausoleo del Imán Reza.

Como ya he comentado, tenía visita en Teherán. Fran, uno de mis interceptadores habituales, venía con su compañera, Mar, a verme unos días. Dejé a Vita en Mashad y me pasé una noche en un tren para poder verlos. Con los visados con fecha fija (que yo no sabía aún cuando ellos compraron los billetes) solo pude coincidir con ellos 3 días, pero fue todo un soplo de aire fresco compartir con ellos su alegría y buen humor y sus primeras impresiones al conocer un nuevo país durante ese tiempo.

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De turismo con Fran y Mar.

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De turismo con Fran y Mar.

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De turismo con Fran y Mar.

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De turismo con Fran y Mar.

Volví a Mashad otra vez en tren, aprovechando la noche para viajar. Llegué por la mañana y empecé a pedalear ese mismo día, que ya iba con el tiempo justo para entrar en Turkmenistán.

En un grupo de whatsapp de viajeros había conocido a Alejandro, un cicloviajero español que venía detrás de mí. Él iba hacía Mashad a recoger su visa y yo tenía que volver atrás unos 100km para tomar el desvío hacia la frontera. Había ojeado su blog (www.orienteando.com) y me había ganado con una frase que había escrito “…encontré un viejo mapa de papel en que dibujé un plan, solo espero no cumplirlo”  así que tenía ganas de conocerlo. Le mandé la ubicación de un buen sitio donde yo había acampado cuando iba hacia Mashad y quedamos allí.  Compartimos cena, nos pasamos varias horas de palique y nos despedimos al día siguiente con la esperanza de reencontrarnos más adelante.

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Con Alejandro.

Seguí mi camino, acampé una noche más y, tras dos meses en este precioso país, salí hacía Turkmenistán, el primero de los “tanes” que había en mi camino.

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Último amanecer en Irán.

 

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